Frederick Sandrino

Ya tendrás que dormir:la nueva generación

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Bio:

Historia inicial

Frederick nació en una ciudad élfica cientos de kilómetros al oeste, en los ancestrales bosques élficos de Shaaeri. Cuando nació fue ungido con los Ritos de Kaasi y considerado una bendición para una raza moribunda cuya natalidad actual estaba en un punto mínimo. Su padre le regaló al nacer un anillo que el mítico guerrero Legolas Sandino le había regalado a su antepasado y que había pasado generacion tras generacion a través del varon elfo mayor. Durante sus primeros años de vida fue criado como un elfo tradicional y conoció de cerca a Hel-Kasi Sandrin, mítico guerrero elfo de Maea y pariente lejano que siempre estaba cerca de sus padres y que le tatuó la Marca de Kaasi durante su quince cumpleaños. De la mano de Hel-Kasi iba a viajar hasta Darabont, a inscribirse en la escuela de guerra que su antepasado había fundado allí y en la que todos sus descendientes tenían derecho a entrar. El propio Hel-Kasi había estudiado en ella y se había convertido un héroe allí, e incluso se dice que logró que la mítica Espada Fénix de Olden, una de las Doce Reliquias de Tarkin, reaccionara a su tacto. La idea de emular a su famoso tío e incluso de llegar a blandir la mítica espada llenaban a Frederick de ilusión, pero todo esto estaba destinado a cambiar cuando su madre dio a luz a su segunda hija, una niña que nació con el pelo blanco y los ojos rojos. Una elfa sin alma, una elfa incapaz de tocar el Tapiz mágico y un signo cada vez más común de que la raza élfica estaba condenada a desaparecer: una elkonig. Puesto que se sabía que la aparición de un elkonig por alguna extraña razón siempre llevaba consigo el nacimiento de más elfos sin alma, los padres de Frederick propusieron voluntariamente un destierro y partieron de sus bosques ancestrales llevando consigo a sus dos hijos. Frederick jamás entró en la Escuela de Darabont y su aparentemente mítico destino se truncó.

Un año despues llegaron al Valle, a los alrededores de la ciudad de Hitte, en cuyos bosques se establecieron lejos de otros elfos para evitar llevar la maldición consigo. Allí criaron a Frederick y su hermana en las bases de la cultura élfica durante unos años, pero la tranquilidad se vio súbita y violentamente truncada cuando un grupo de saqueadores emboscó a la familia y los mató por razones desconocidas pero seguramente relacionadas con el miedo supersticioso hacia su hermana. Frederick fue dado por muerto y su cuerpo inconsciente flotó río abajo, hasta la ciudad de Hitte.

Cuando Frederick despertó se encontraba en la compañía de dos rateros de ciudad, el humano Jac Evergreen y un tiefling, que le habían recogido de las aguas y dado cobijo. Tras un infructuoso intento de dar con los asesinos de sus padres, Frederick se estableció con sus dos compañeros en las calles de un nuevo tipo de bosque al que aún no se había acostumbrado: la gran ciudad. Aprendió los recovecos de las calles y la ley de los barrios, así como las tretas y escaramuzas de las que se debía valer para comer cada día. El amor al bosque que le habían inculcado de niño aprendió a coexistir con un nuevo placer adolescente llamado vida urbana. Pero esta época estaba destinada tambien a ser breve, de apenas unos años, ya que tuvieron la mala pata de robarle una gema a un mafioso importante de la ciudad. Este concertó una cita con ellos en los bosques de varios kilómetros al sur para realizar un intercambio, pero lo que ahí encontraron fue una emboscada. Una vez más, Frederick fue el único superviviente, y esta vez se escapó corriendo por el bosque con sus perseguidores hasta que atravesó un círculo de piedras… y ya no estaba allí. Donde antes había habido un caserón, ahora se levantaba un oscuro castillo de altas y retorcidas torres. Así fue como Frederick conoció a la Duquesa Negra.

La Duquesa atrapó y encerró a Frederick en las torres de su castillo, hasta que se dignó a recibirle. La mujer, una extremadamente bella y voluble señora eladrin, dijo haberle rescatado al reconocer en él la Marca de Kaasi y al saber que era de la misma tribu que su perdido amor, el guerrero Hel-Kasi. Más prisionero que invitado, Frederick vivió largos años bajo la Duquesa Negra y sus espectrales sirvientes. La Duquesa resultó ser una extremadamente técnica y despiadada espadachín y tras descubrir el valor y la arrogancia de su joven juguete decidió transmitirle su arte al joven elfo, que con los años aprendió a amarla y temerla al mismo tiempo y que no tardó en convertirse a su vez en su amante y en su fiel defensor. Una mañana, cuando Frederick se despertó, el misterioso castillo había desaparecido y se encontraba tirado en el círculo de piedras, poco seguro de si la Duquesa había sido nunca algo más que un sueño de no ser porque aún llevaba el collar que esta le había dado y que contenía una lágrima que esta había derramado la única vez que Frederick había logrado herirla. Descubrió que habían pasado diez años y que se encontraba junto a una pequeña ciudad. Cansado de vagar decidió asentarse por lo menos durante un tiempo. Así se convirtió en una figura solitaria y muy conocida en Veda: un elfo que vivia solo en una cabaña en el bosque y de vez en cuando visitaba la taberna.

Al tiempo de estar en Veda se unió al “Pelotón de la Ánimas”, un grupo de aventureros, con el que compartiría grandes hazañas durante más de un año^.

Tras el primer ciclo

Después del asedio en Anestaris el Pelotón decide separarse por un tiempo indefinido, tiempo en el que aprovecharía para buscar la Torre Oscura. Para ello tenía pensado visitar a una vieja amiga: la Duquesa Negra. El augurio de la Profetisa de Anestaris había hecho mella en el corazón de Frederick y rondaba su cabeza continuamente. Para el elfo era indispensable obtener respuestas sobre esa enigmática torre y sobre todo en cual era el significado de esa profecía: “Tu hermana te espera sobre la Torre Oscura”. Frederick se despide de sus amigos y queda en verse con Roc dentro de un mes para partir en busca de un portal que los lleve a Feywild donde reside la oscura Sidhe. El lugar de encuentro sería Veda, después del entierro de Rynn. De camino a su hogar el elfo pasa posiblemente su ultima noche con Rosa, en la ciudad de Hite. Ya en Veda, a la espera de su amigo, aprovecha para poner en orden su casa y pertrecharse para el largo viaje. Las investigaciones con Roc les llevan a Wynn, donde los elkonig que ayudaron hace unas semanas consiguen trasportarlos a Feywild. Una vez allí, los dos compañeros se despiden para emprender su camino por separado.

Frederick se reencuentra con la Duquesa Negra y reanuda el entrenamiento y su relación con ella. Ahora parece diferente, la esclavitud ya no es la base de esta extraña relación. Después de tres años intensos con ella Frederick abandona Feywild y vuelve a Tarkin en busca de información sobre la Torre Oscura. En su busca se reencuentra con un viejo amigo de infancia llamado Rantor, con quien siempre tuvo una sana rivalidad. Juntos salvan la vida de un tercer elfo que estaba siendo atacado por unos gnolls en la entrada de un bosque. Eldurin, que así se hace llamar el elfo, es callado y poco gustoso de frivolidades, pero demuestra ser un fiel aliado acompañando también a Fred en sus viajes. Un año más tarde Rantor se ve obligado a dejar a los dos elfos para atender una historia personal que le ocupará demasiado tiempo como para retomar el viaje.

A los dos años de la partida de Rantor, en uno de sus viajes, Frederick comienza una relación con una muchacha mucho más joven que él. Marion, una semielfa de pelo dorado y ojos del color del mar, que hace olvidar al elfo a quien pertenece realmente su corazón. La búsqueda queda relegada a un segundo plano con esta relación, momento que aprovecha Eldurin para instalarse en Canolia, donde reside Marion. Durante su estancia en Canolia, Frederick pasa todo su tiempo con su nuevo amor y, mientras, Eldurin acaba su adiestramiento en el arte de la magia. Un día, la joven es misteriosamente asaltada por un animal que le causa terribles heridas en la cara. Cuando su amado acude en su auxilio recibe un zarpazo que le marcará el rostro para toda la vida.

Este suceso y la carencia de pistas sobre la Torre obliga a Frederick a replantearse su situación actual. Deja a Marion bajo los cuidados de su fiel amigo Eldurin en Canolia y decide seguir sus investigaciones por los Mares del Sur. Parece haber encontrado una pista sobre la Torre Oscura. En el fondo nuestro elfo sospecha que la Duquesa Negra está detrás del ataque sufrido por su nueva amiga, quizás por celos o quizá para protegerle de algo que desconoce. Ya en la costa consigue nuevos contactos e incluso amigos, como es el caso del Baron Lepritti, un viejo tiefling de aspecto refinado y capitán del Chambelán Marino, un navío pirata. El Baron le ofrece unirse a su tripulación y Frederick acepta, con la esperanza de mejorar así sus pesquisas. Pasan unos meses y el capitán parece dispuesto a nombrarle su sucesor. El plan queda truncado cuando Lepritti es asesinado y la tripulación culpa a Frederick del hecho, haciendo que deba huir.

De vuelta a Canolia se reúne con su amigo Eldurin. Éste tiene malas noticias para el elfo. Marion ha desaparecido dos días antes de su regreso de manera misteriosa y notoria, para sorpresa de los canólidos. Fue en el mercadillo de la plaza. Eldurin tan solo puede contarle como Marion se elevó unos metros del suelo y a través de una columna de luz la elfa desapareció dejando tras de sí un montón de hojas de roble y gotas de rocío. Impactado por el suceso y la certeza de su ejecutora, Frederick decide resignarse a no entablar más contactos con el sexo opuesto por el momento y seguir sus investigaciones junto su amigo Eldurin el Hechicero.

Han pasado ocho años desde la disolución del Pelotón de las Ánimas cuando descubre indicios de que un tal Li Pao pueda saber cómo encontrar la Torre Oscura. Esta vez la suerte esta de su parte. Gracias a su reconocida habilidad con las espadas, el mismo Li Pao le invita a un prestigioso torneo en su isla. Por supuesto Fred, acompañado de su amigo, no rechaza tan apetitosa invitación. Parece que viene una buena racha para el elfo, pues con agrado descubre que sus antiguos amigos Roc, Yctarán, Lammar y Beltenebros también han acudido a la llamada del mítico guerrero oriental. A pesar del cambio físico que supone para un humano ocho largos años, parece que el tiempo no ha minado la cohesión de grupo de amigo…

Frederick Sandrino

Maea: Shadow of the God-Emperor Sandrino