Maea: Shadow of the God-Emperor

EL GUANTELETE DE BRONCE (parte II)

PJs: Frederick, Roc, Yctarán

Los héroes no saben exactamente qué signfica que haya dos Aris Riverside, pero Roc lo tiene muy claro: la Aris que se encuentra junto al falso Pelotón de las Ánimas y que participó en el Torneo de Anestaris es una impostora. Sabiendo que la falsa Aris y sus hombres van por delante de ellos, Yctarán decide que lo más seguro para todos es dejar a Aris aquí por el momento. Tras asegurarse de que está en buen estado de salud, los cuatro incursores dejan a su antigua amiga en el lugar más seguro que pueden encontrar en la estancia: el mech de la Legión de Bronce.

Tras esto, los héroes ascienden de nuevo al primer nivel del Guantelete y, tras intentar infructuosamente ver qué puerta siguieron sus oponentes, deciden encaminarse por la segunda. Esta vez las escaleras les llevan hasta un nivel medio, a lo que parece ser una extraña prisión a la que acceden desactivando una cerradura mágica resolviendo un sencillo puzzle. La prisión está formada por cuatro estancias conectadas entre sí por pasillos alrededor de una pequeña estancia central de propósito desconocido. En la primera estancia, la más grande, hay un inmenso prodigio: una gran esfera de energía dorada flotando a medio metro de altura y rodeada por símbolos que Roc reconoce como de origen maudir, la civilización humana que existió en Maea milenios atrás y aparentemente artífices de la prisión, si no del Guantelete en su totalidad.

Los incursores se dirigen a la sala siguiente, donde encuentras cuatro enormes sarcófagos. Tras examinarlos Rikku y determinar que no hay trampas, los héroes descubren que los sarcófagos tienen dentro los esqueletos de cuatro seres humanoides de aspecto demoníaco y varios inmensos lingotes de oro. La codicia puede más que la cautela y, decidiendo que por lo menos pueden sacar algo de liquidez de la expedición, los incursores cogen tímidamente uno de los lingotes… y escuchan un estruendo. La esfera de energía de la estancia principal ha desaparecido, liberando a su prisionero. Roc reconoce aterrorizado que este es Arbogeist, uno de los Lores Demonios del Abismo. Una entidad que desapareció de los libros de historia milenios atrás y que solía dirigir grandes imperios demoníacos. Arbogeist no ve con buenos ojos que unos ladrones hayan robado la dote de sus cuatro generales y, el campo antimagia desaparecido, invoca su maligna espada negra y su armadura de combate y se lanza contra los héroes.

Arbogesit es el enemigo más poderoso al que se hayan enfrentado nunca: es más rápido más inteligente e infinitamente más poderoso. Las armas de los héroes apenas pueden atravesar su armadura y el lord demonio desata terribles magias con las que retuerce los huesos de sus enemigos y les devuelve todo el dolor que le causan. Viendo que el combate directo es imposible, los héroes se deciden a retirarse… comprobando que al desaparecer la esfera mágica un sistema de seguridad ha sellado la prisión. Desesperados, los cuatro corren a través de las cuatro estancias mientras Arbogeist se ríe de ellos y continúa desatando terroríficos conjuros. Finalmente, los cuatro deciden probar suerte en la estancia central, pensado que quizás sea algún tipo de salida de emergencia, pero antes de que puedan hacerlo Roc cae fuera de sentido. Frederick se planta en solitario frente al lord demonio mientras Yctarán y Rikku arrastran el cuerpo de Roc hasta la pequeña estancia y logra escapar de Arbogeist y reunirse con sus amigos. Los cuatro descubren con sorpresa que la estancia no es una salida, pero sí que el demonio no puede atravesar los glifos maudir de protección: es una sala segura para beneficio de los guardias. Arbogeist se ríe de esto y, diciéndoles que tarde o temprano necesitarán beber y comer, se cruza de piernas frente al glifo protector dispuesto a esperar pacientemente.

Los cuatro incursores saben que el demonio tiene razón: tras utilizar toda la curación mágica que poseen, los cuatro preparan una estrategia desesperada con la que esperan ser capaces de al menos herir al demonio. Sabiendo que sus posibilidades de superviviencia son ínfimas, los cuatro se despiden entre sí y atraviesar el glifo, lanzándose heroicamente contra Arbogeist. El combate esta vez es inmenso, utilizando cada gramo de capacidad, valor y suerte que poseen. Increíblemente, los cuatro comienzan a herir al lord demonio y este comienza a cometer errores. Los años de cautividad no le han sentado demasiado bien y pronto su innata arrogancia causa que se lance al ataque más de lo que debiera, cayendo muerto ante el filo de uno de sus amigos. Los agotados héroes se desploman en el suelo y escuchan un zumbido: la muerte del prisionero parece haber activado un portal mágico de emergencia, por el que podrían salir. Deseando no encontrarse con el Pelotón, los héroes cargan tanto con los lingotes de oro como con las armas del caído Arbogeist y atraviesan el portal a ciegas… apareciendo frente a lo que parece el Orbe del Dragón.

Los cuatro están de suerte: la Legión de Bronce decidió guardar el Orbe en el interior de la antigua y fortificada sala de guardia sin saber que el portal de emergencia llevaba hasta allí. Rikku y Frederick desactivan las numerosas trampas y, viendo el lamentable estado en el que se encuentran, deciden terminar la exploración allí y retirarse con su trofeo. Tras recoger a Aris, los héroes se dirigen hacia el exterior del Guantelete de Bronce. La presencia de los cuerpos despedazados de los guardias es la primera señal de que algo no va bien. Cuando salen al exterior, descubren con espanto que la fortaleza de la Legión de Bronce está en llamas y en cuanto miran a su alrededor ven con aún más espanto que hay decenas de legionarios empalados por toda la montaña. Una voz femenina ronronea que una vez más han tardado mucho y ha tenido que entretenerse: se trata de la Mujer Carmesí, una de las seguidoras del Segundo Centinela. La maligna mujer les dice que ha venido con la intención de adelantarse al Pelotón de las Ánimas, actualmente trabajando a sueldo de Rynn, con la intención de ayudar a su señora Sandara frente a la recién llegada, el “ojito de papá”, obteniendo el Orbe. Roc enfurece ante la mención de su perdido amor, pero la Mujer Carmesí está más interesada en Yctarán. Encargando a su séquito, una escuadra de peligrosos celestiales caídos, que entretengan a los otros, la peligrosa psicópata hace chasquear su látigo mágico y se lanza contra el futuro rey de Anestaris.

El grupo está demasiado débil tras su combate desesperado contra Arbogeist, e Yctarán intenta reunirse con sus amigos, que comienzan a flaquear. La Mujer Carmesí no está dispuesta a permitírselo y le enreda el brazo con su látigo, causándole una terrible herida mágica en el brazo que pulsa con energía maligna. Por suerte, Roca parece haber encontrado fuerzas en la ira y sus flechas no sólo acaban con los ángeles sino que hieren a la Mujer Carmesí. Esta pronto ve que un ejército se acerca a la fortaleza, seguramente atraídos por las llamas, y decide retirarse, no sin antes prometerles que sufrirán lo indecible por lo que le han hecho hoy.

Viendo que las fuerzas que se acercan son Orcos Rojos, los héroes vuelven a su campamento y se retiran de vuelta a Vossk, donde reciben atención médica inmediata. Tras una semana de reposo, Rikku le dice a Roc que vista su reacción ante la mención de Rynn piensa que sus sentimientos hacia ella siguen intactos, y que no va a intentar interponerse en su loca misión porque sabe que jamás se lo perdonaría. Reunidos en el laboratorio de Kefta, este les cuenta que ha deshecho el conjuro de protección del Orbe del Dragón. Parece ser que dichos Orbes reciben su nombre porque los Dragones de Gema utilizaron un conjuro especial para preservar sus huevos milenios atrás, pero que ese conjuro en teoría se puede usar para proteger cualquier cosa. Y en efecto, el Orbe protegía…

…la espada Olden.

Frederick, emocionado y comprendiendo el interés de las fuerzas del Centinela por el Orbe, recoge su herencia ancestral, pero la poderosa arma mágica no responde ante su tacto tal y como debería hacer. Decidiendo pensar en ello más tarde y con su misión cumplida, los héroes se despiden de Kefta, Perry, Rikku y del agradecido rey de Vossk, y se dirigen de vuelta a Anestaris.

Hay una coronación e Yctarán no quiere llegar tarde.

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Biyu

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